Aprender a gestionar mi rutina de trabajo freelance

Mi experiencia organizando mi horario de trabajo como profesional independiente.


He decidido retomar el tema de los retos que presenta emprender online de forma autónoma. 

La semana pasada publiqué la entrevista que le realicé a mi muy estimada Bárbara Centeno, coach para emprendedoras. En la entrevista nos habló de cómo probablemente el primer reto al que nos enfrentamos en precisamente montar el método de trabajo que mejor se nos adapte.

Nos explicó que no hay una receta secreta, se trata de experimentar y repetir lo que vamos descubriendo que funciona.

Además compartió un montón de tips y estrategias. Te recomiendo ampliamente que cheques la entrevista.


Así que hoy quiero platicarte, de forma bastante honesta, cómo ha sido para mí gestionar esta "libertad" de tiempo.


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Voy a cumplir dos años con mi emprendimiento digital en octubre y me he enfrentado a varios retos durante este tiempo:

  • Detectar y aclarar el valor que tengo para ofrecer. Primero aclarármelo a mí, y después a mis clientes.

  • Pulir mi mensaje de marca.

  • Conseguir clientes y, sobre todo, clientes con los que verdaderamente disfrute colaborar.

  • Relacionarme con otras personas de mi área... Aunque sea de forma virtual.

Pero sin duda, el mayor reto de todos ha sido gestionar mis horarios de trabajo: Establecer límites y saber encontrar el equilibrio en torno a las horas que dedico al negocio. 

¡Me cuesta muchísimo!

Además, he pasado por dos facetas casi opuestas respecto a este reto...

Muy al principio, cuando no tenía las cosas muy claras, el problema estaba en que se me hacía muy fácil dejar "para mañana" ciertas cosas. 

No soy una persona floja, pero después de partirme el lomo durante más de 6 años en mi antiguo negocio de cafeterías, donde la intensa jornada comenzaba antes de las 7am y terminaba después de las 6pm, de pronto, tener mayor poder de decisión sobre las horas de mi día, se volvió un caos.

Durante los años dedicada a las cafeterías me había perdido de varios eventos familiares, había tenido que decir que no a reuniones con amigos... Simplemente salir a almorzar era algo impensable porque yo era la que tenía que servir el desayuno en la cafetería.

Así que, con un negocio digital y con todas las horas del día a mi disposición, se me hacía fácil decir que sí a todo... menos a quedarme sentada frente a la computadora las horas que hicieran falta para cumplir objetivos.

¿Vamos por un café, Ale? -¡Vamos por un café!
¿Me acompañas a tal, Ale? -¡Te acompaño!
¿Me ayudas con tal, Ale? -¡Te ayudo!


...Y los días se pasaban y yo no avanzaba gran cosa con mi proyecto.

Creo que realmente pude cortar con este ciclo hasta que Robert y yo nos mudamos de ciudad y la vida social se terminó.

Pese a seguir teniendo la "libertad" trabajar cuando quisiera, comencé a marcarme una jornada de trabajo.

Establecí a partir de qué hora debía estar lista (bañada y vestida) frente a la computadora... Nada de quedarme en pijama hasta las tantas.

Entendí que tenía que alejar el celular durante ciertas tareas para lograr concentrarme.

Fui modificando la rutina del hogar para darle prioridad a mi negocio.


Aquí hago un paréntesis para compartirte otra cosa que me estaba reteniendo y que se relaciona con el último punto Respecto a la rutina del hogar:

Como te cuento, estaba acostumbrada a que trabajar significaba dejar hasta la última gota de energía atendiendo a mis clientes de la cafetería en jornadas de aproximadamente 12 horas al día.

Ahora, mi realidad me permitía (y sigue permitiendo) quedarme en casa mientras Robert se iba todo el día a trabajar... y su antiguo empleo no le gustaba para nada.

Él estaba ingresando el dinero con el que vivíamos porque mi negocio aún no estaba generando. Así que me sentía como en una especie de deuda, como si yo tuviera que transformarme en la esposa perfecta con la casa lista para recibir al marido que vuelve del trabajo.

Que quede claro que Robert NUNCA me pidió algo así, ni remotamente, pero yo soy rebuena para construirme cuentos de este tipo solita.

Así que me las arreglaba para perder mucho tiempo dedicándome a la casa.

Una vez que decidí que mi negocio estaba primero, el polvo ha tenido que esperar al fin de semana, cuando entre Robert y yo hacemos la limpieza.

Quizá te parezca absurdo que te comparta esto, pero te aseguro que eran ideas que me estaban limitando y me impedían lograr objetivos.

Es más, si me analizo con mayor profundidad, quizá todo era parte de un escudo. Probablemente era más fácil para mí justificar que no avanzaba en mi negocio debido a las tareas del hogar, que responsabilizarme por mi falta de foco.


El caso es que todo eso esta en el pasado. Ahora tengo mis prioridades claras, sé a dónde quiero llevar mi negocio y, a medida que los clientes y los proyectos reales van llegando, he tenido que volverme mucho más disciplinada con mi rutina de trabajo.

Lo que ha traído toda una nueva cara a este reto de gestionar mi tiempo:

Ahora me siento culpable por hacer pausa, por tomarme un descanso. Siento que mientras tenga batería en el celular, realmente podría (y debería) estar trabajando todo el tiempo desde cualquier lugar... y esto esta maaaaaaal, muy mal.

Sé que comienza a afectar mi relación de pareja y que, así como hay quien es adicto al tabaco, yo me estoy volviendo adicta al celular.

Así que ahora me encuentro nuevamente con la necesidad de marcar límites pero para despejarme y darme espacio para respirar.

Día a día trabajo para cumplir con la lista de tareas que corresponda y procuro que dicha lista sea realista. Es decir que, por ejemplo, no puedo asignar la grabación de todos los videos del mes que irán a mi canal, y pretender que ese mismo día también lograré editarlos y programarlos en el blog. Simplemente son tareas para dos días distintos.

Estoy intentando adoptar un ritmo de "todos los días hacer un poco" que intentar hacerlo todo en un día. De esta forma avanzo en mi lista de tareas y al final de la jornada me siento con la paz mental necesaria para parar.


Esto mismo estoy llevándolo a lo personal, a mi casa.

Hago alguna tarea del hogar día con día para mantener la limpieza general en un nivel presentable, y así lograr llegar al fin de semana para limpiar a fondo pero sin perder tampoco el día entero. Definitivamente, la limpieza del hogar será lo primero que delegue en cuanto tenga la posibilidad, pues nunca nadie va a pagarme por limpiar mi casa, así que es la actividad que me parece lógico delegar primero, antes que cualquier cosa del negocio en sí.

En los últimos meses, simplemente no he encontrado la motivación para ejercitar como lo hacía antes. He decidido dejar de auto-flagelarme por esto y optar por incluir estiramientos después de un par de horas de trabajo, y tomar en cuenta como parte del movimiento de mi día los pequeños paseos con mis can-hijos.

Finalmente, Robert y yo hemos dejado el régimen vegano pues no logramos cogerle el ritmo. Nos tomaba mucho cocinar desde cero para la semana, pues no hay manera de comprar nada hecho que sea libre de producto animal. No me enorgullece, pero también he decidido perdonarme por ello. No puedo pelear todas las batallas al mismo tiempo y de momento, mi enfoque es requerido en otro lado.


Sólo puedo resumir que el mayor reto a superar son nuestras propias creencias limitantes. Lograr ver más allá de esa sarta de cuentos que nos contamos todos los días y que muchas veces ni siquiera tienen fundamento en un hecho real.


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¿Cuál ha sido tu experiencia?


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¡Hola, soy Ale!

Estratega de negocios en línea y diseñadora web en Squarespace. 

Soy viajera de corazón, campeona de maratones en Netflix y, para el sushi, siempre tengo un "huequito".

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